Todos los organismos pluricelulares están formados por numerosas células, clasificables en grupos diversos, denominados tejidos, según su morfología, características y propiedades de funcionamiento.
A su vez, varios tejidos distintos pueden asociarse hasta formar una estructura más compleja, el órgano, responsable de una determinada función. Por ejemplo, el estómago es el órgano formado por varios tejidos, con aspecto de saco, encargado de posibilitar una primera digestión al alimento introducido en el cuerpo del hombre y de los restantes animales superiores; el corazón es el órgano encargado de impulsar la sangre, permitiendo la circulación a través de las grandes arterias y de los capilares, que tienen escaso diámetro y están distribuidos por todas las zonas del cuerpo; los pulmones son los órganos encargados de la respiración y el ojo de la visión.
A menudo los órganos no funcionan independientemente, sino que cooperan entre sí para desarrollar por completo una determinada función vital; por ejemplo, esófago, intestino, hígado y páncreas se unen al estómago para completar la función digestiva. El conjunto de órganos destinados a la realización de una función determinada, la digestión por ejemplo, reciben el nombre de aparato.
Al ser las plantas y los animales organismos profundamente distintos en sus organizaciones vitales, muestran también diferencias de organización a nivel de los tejidos y de los órganos que los forman.
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