En 1744, Trembley realizó con hidras un experimento
ya clásico en biología: mediante un fino hilo con un extremo anudado inserto a
través del disco basal, y tensándolo en dirección a la boca, consiguió Trembley
"dar la vuelta" a la organización del animal, como si se tratara de
un guante, de modo que las capas internas se convirtieran en la superficie
externa y viceversa. Pues bien, a pesar de este cambio drástico y subversivo,
los ejemplares no sólo continuaron vivos, alimentándose normalmente, sino que
también demostraron la capacidad de poder dividirse sin dificultad, como si
vivir al derecho o al revés se tratara de un hecho carente de importancia.
Además, si se secciona una hidra en dos partes, cada uno de los fragmentos da
origen a un nuevo individuo.
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