Se definen como un estado de alerta psicológico, bien porque aparecen en ausencia de situaciones que objetivamente entrañan peligro físico o amenaza de la integridad psíquica o bien porque la intensidad y duración es mayor de lo que se considera normal.
Estos estados repercuten en el rendimiento de la persona disminuyéndolo y provocan también una inestabilidad en sus relaciones afectivas y sociales.
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