En el recien nacido el corazón late a un ritmo de unas 130 veces por minuto, en cambio en el adulto en condiciones normales late a razón de unas 70 veces por minuto siendo esta medida muy variable en función de la persona.
El corazón se adapta a las necesidades del organismo y es capaz de bombear hasta seis veces más de sangre en ocasiones de gran movimiento, dolor, fiebre o placer que en fase de relajación.
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