El centro regulador de la temperatura situado en el hipotálamo detecta que la temperatura es demasiado bajo y envía mensajes al tiroides a través de la liberación desde la hipófisis de una hormona estimuladora de dicho tiroides que provocará una aceleración de la tasa metabólica; los músculos se contraerán y relajarán produciendo calor y los poros cutáneos se estrecharán para así conservar la temperatura.
En cambio, si las terminaciones nerviosas sensibles a la temperatura informan al "termostato" del hipotalamo de un aumento demasiado alto, se enviarán desde éste mensajes a las arterias más profundas del organismo para que se estrechen y así circule menos sangre por ellas.
Al mismo tiempo los vasos que circulan por la superficie de la piel se dilatan fluyendo por ellos mayor cantidad de sangre siendo este enfriado por el aire y perdiendose el exceso de calor a través de radiación.
Si de esta manera no se enfría lo suficiente entra en funcionamiento el mecanismo de la sudoración, sudor en piel que al evaporarse va a enfriar la superficie cutánea y la sangre que fluye inmediatamente por debajo de ella, haciendo que descienda la temperatura.
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